Un cine “virtuoso”

Oswaldo Osorio

Hace poco veía una noticia que contaba que muchas iglesias en Holanda y Alemania, que habían dejado de ser usadas, ahora las están acondicionando como museos, restaurantes y hasta discotecas. Por eso, en un mundo occidental cada vez más laico, la historia sobre una joven que contempla entre sus planes la posibilidad de ser monja, resulta ser un asunto, cuando no polémico, al menos digno de ser explorado. Y eso es justamente lo que hace la directora de Cinco lobitos (2022), planteando su relato como una dicotomía a la que le sabe equilibrar las fuerzas en tensión y, así, darle un papel activo al espectador.    

Claro, esta historia no sucede en Holanda ni Alemania, sino en España, donde hay una gran tradición católica, aunque su población de fieles ha disminuido dramáticamente en las últimas décadas. Por eso hace veinte años no se habría podido contar esta misma historia, pues no sería verosímil. Pero ahora sí es posible, no solo encontrar a una joven que esté considerando ingresar a un convento, sino también una férrea oposición por parte de algunos de sus allegados.

Así que Ainara quiere ser monja, pero encuentra en su tía, a quien quiere y admira, a la más vehemente contradictora de dicha intención. Lo que viene en adelante, es la forma en que Ruiz de Azúa, quien también escribió el guion, expone los argumentos de uno y otro bando, lo cual hace con un cuidado milimétrico, para que no parezca que toma partido. La narración entiende cómo pendular las razones prácticas y racionalistas de la tía, por un lado, y el ardor y al mismo tiempo sosiego espiritual de la joven, por el otro, lo que incluso es más difícil de representar.

El caso es que tanto hasta el más apóstata como el más clerical pueden dudar de este caso, disuadidos por los argumentos opuestos. Además, en esta tirantez también son sumados a la ecuación asuntos como el dinero y las hormonas. No obstante, esto que parece aquí descrito como un dramático conflicto, en realidad opta por otro tono, uno que se antoja tranquilo y civilizado, pero sobre todo amoroso. Un tono que, además, es complementado por una narración y puesta en escena absolutamente aplomadas y de un clasicismo de libro de texto, que la hacer ver como una película sólida en sus planteamientos, envolvente en su relato y legible en sus ideas.

Y estas características de Los domingos no necesariamente las estoy exponiendo como virtudes, al contrario, todo esto, tanto el no tomar partido como su concepción cinematográfica, la hace una película demasiado correcta, digerible, con la intención de no meterse en problemas y para el gusto de todos. Tal cosa lo corroboran los múltiples premios que ha obtenido, empezando por haber sido la gran triunfadora en los de casa, los Goya. Es una gran película, pero en la línea del cine claro, seguro y confiable. Y eso, de nuevo, no creo que sea una virtud… Extraño la intensidad, el malestar y el compromiso de su ópera prima.  

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