Oswaldo Osorio
Esta película es como si Rodrigo D y Los conductos hubieran tenido una hija. De la primera, está esa materia prima del realismo, la violencia y la marginalidad en la Medellín de finales de los años ochenta, mientras que de la segunda tiene su forma de concebir el cine y cierto tono entre místico y fantástico. Son tres miradas a esta ciudad desde el realismo social, el cine moderno y el cine experimental. Cada una a su manera traduce su paisaje y sus problemas, así como ese “no futuro” que, como un fantasma, o incluso como un demonio, parece sentirse cómodo, desde hace décadas, entre sus montañas.


















